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![]() Jim B |
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¡No ha sido así siempre! Cuando tenía veintidós años, recientemente después de haber dejado el noviciado donde me detuve poco antes de tomar votos como hermano religioso, fui forzado a tener mi primer encuentro sexual. Estaba en un dilema - a pesar de mi conciencia, quería explorar este mundo nuevo que pensé que sería la respuesta a mis necesidades emocionales. Era un chico temeroso, solitario y tímido. Empecé a buscar sexo, pero en realidad buscaba a la persona adecuada, que fuera mi padre, mi madre, amante, consolador y ardiente apoyo. Seis años después de mi primera experiencia pensé que la había conocido. Teníamos nuestros propios amigos, salidas, organizaciones, teatro e incluso comenzamos a asistir una iglesia donde eventualmente me volví un ministro. Este estilo de vida me permitió afanarme por la atención y la aprobación que desesperadamente buscaba. Muchos en la comunidad homosexual sueñan con una relación a largo plazo como esta, que duró veintiún años, porque muchos andan buscando a la persona adecuada y esa persona nunca llega. Pero aún si encuentras ese mundo de ensueño todavía estás fomentando una mentalidad Peter Pan. Puede sentirse cariñoso y sin problemas pero ciertamente no induce al crecimiento. Nunca creces emocionalmente y por lo tanto es una mentira. Afrontemos el hecho: Dios nunca lo pretendió porque no hay una verdadera unión física o complementaria. Entonces alguien podría decir "¿Por qué estuviste en ese estilo de vida tanto tiempo?" La dura verdad es: cuando eres introducido a la homosexualidad, esta se aferra a ti. A veces se vuelve una lucha de por vida. La sociedad te dice que te entregues a estos sentimientos y que vivas una "vida sana". Esta es la gran falsedad. San Pablo nos cuenta sobre su aguijón en la carne. Con este ejemplo Pablo nos dice no ceder a la tentación. Hace once años, como el hijo pródigo, recuperé mis sentidos y por la gracia de Dios he vivido una vida de castidad desde entonces. El Espíritu Santo trabajó a través de circunstancias de mi vida: Yo sabía y temía lo inevitable - cuando mi "compañero" Leo muriera y yo quedara solo. Él estaba acercándose a los ochenta años y yo había celebrado mis cincuenta años. Lo amaba y siempre lo haré - él está en mis oraciones diarias. Con la muerte de la congregación que yo pastoreaba nos unimos a la Christ Church Unity, un grupo metafísico que me sirvió como puente para ir de mi iglesia "Gay" a mi regreso eventual a la Iglesia Católica Romana. Estas personas nos aceptaron, animaron y apoyaron antes y después de la enfermedad de Leo y aceptaron mi decisión final de regresar a la fe de mi juventud y a una vida de castidad. Durante el mes entero de mayo de 1988 Leo estaba agonizando en el hospital. Mientras yo lo estaba ministrando usando afirmaciones positivas de la Unity Church una oración vino a mí que no había dicho en más de veinticinco años: el Memorare. Recité casi toda la oración pero no me podía acordar del final. Después de irme del lado de Leo me acerqué a mi carro en el estacionamiento, las líneas finales regresaron a mí. No eran sólo las palabras "Oh Madre del Verbo Encarnado, no desprecies mis súplicas, antes bien, en tu misericordia, escúchame y respóndeme. Amén" que regresaron a mí, sino que María a quien había apartado de mi vida por tantos años - Ella regresó y me trajo a su Hijo. Esa noche encontré mi rosario y comencé mi viaje de regreso a casa. La fecha era el 13 de mayo, el aniversario de la primera aparición de María en Fátima. Pocos días después una copia de la pintura de Murillo retratando a Jesús y a Juan el Bautista como niños comiendo pan se estrelló en el suelo - esto me hizo pensar en los sacramentos. Durante mi visita al hospital esa tarde caí en cuenta de que un sacerdote no vio a Leo porque estaba listado como miembro de Unity, a pesar de que tenía antecedentes católicos. La enfermera mandó a llamar al capellán y, después de alguna persuasión, Leo recibió el Sacramento de la Unción de los Enfermos. Rápidamente le conté al capellán mi historia. Él sugirió que fuera donde el pastor de mi parroquia local. Apropiadamente el nombre de la Iglesia era Espíritu Santo. En la tarde del 31 de mayo, fiesta de la Visitación, Leo murió. En el camino a casa tuve que esperar por una larga luz de alto. Una calmada vocecita me dijo "Jim, estás libre. Ahora puedes hacer cualquier cosa." La tarde siguiente, el pastor de Espíritu Santo habló conmigo y me aseguró que no había nada que me apartara de los sacramentos. Él escucho mi confesión después de veintitrés años. Era una ocasión muy emocionante para mí - aunque había perdido a mi mejor amigo, había recuperado un tesoro perdido: la Iglesia Católica Romana. Era Cristo quien me trajo de vuelta a la Iglesia a través de la influencia de Su madre y a través del poder del Espíritu Santo en la sucesión de eventos anteriores a la muerte de mi compañero. El poder del Espíritu Santo me ha llevado constantemente a nuevos horizontes. En 1989, mientras me recuperaba de una pierna fracturada, leí un libro: Stumbling Blocks & Stepping Stones (Piedras de Tropiezo & Piedras de Escalón) del P. Benedict Groeschel. Courage era mencionado en su obra y decidí encontrar más sobre esta organización. Atendí mi primera reunión hace nueve años y he sido un participante activo desde entonces. A través de los años muchos hombres y mujeres han compartido conmigo sus luchas. He cultivado varias amistades cercanas, castas e íntegras que me han hecho profundizar mi relación con Jesús. El pasado 31 de mayo profesé mis votos como miembro de un instituto laico donde puedo permanecer en el mundo compartiendo el mensaje de Jesús a través de Courage y otros apostolados. He estado mostrando un Jesús amoroso, compasivo y misericordioso que me ha llevado a nuevas alturas de paz y gozo. Estos son los regalos de la Iglesia que no me condenó sino que me dio la bienvenida al rebaño. Copyright (C) 2000 Courage
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