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LA HISTORIA DE CHRIS (Miembro de
Courage de Nueva Zelanda) La historia de cómo mi compañero y yo nos hicimos miembros de Courage es una pasmosamente repentina. Durante el Adviento del año pasado - 8 de diciembre, Fiesta de la Inmaculada Concepción, para ser exacto - me encontré con una hoja en la librería católica concerniente a las Devociones a Jesús Rey de Todas las Naciones. La promesa de "efectos poderosos y sin precedentes" iba atribuida a la Novena de Santas Comuniones en honor de Jesús bajo ese título. Al día siguiente fui a Misa y comencé la Novena. Fue durante ese tiempo (nueve comuniones consecutivas pero no necesariamente nueve días seguidos), que empecé a tener dudas agobiantes sobre mi estilo de vida. Como católico con atracciones hacia el mismo sexo, que había vivido los últimos ocho años con un hombre no católico en una relación fiel y comprometida, yo había tenido dudas previamente - también él - acerca del aspecto sexual de nuestra relación pero ambos conseguimos callar esos pensamientos fastidiosos. Alrededor de una semana antes de Navidad fui a la Reconciliación (lo que es una condición de la Novena) y tímidamente me confesé, sin ser muy específico, de "pecados sexuales". Hecho esto comencé a esperar que me "mantuviera limpio" para Navidad, lo cual ocurrió, y fue una Misa de Navidad muy especial. De ahí en adelante mis dudas se multiplicaron. Comencé a buscar "mantenerme limpio" más tiempo y entonces esto me puso en una posición muy difícil con mi amigo, Matthew. ¿Cómo le diría que yo estaba comenzando a pensar distinto acerca de las cosas? El sexto día de 1999 comencé una segunda Novena de Comuniones, esta vez por Matthew, y le pedí al Señor que me ayudara a resolver toda esta desordenada situación. De alguna manera, por favor, podría Él cambiar el corazón de Matthew, hacerlo que se acercara a mí y dijera "¡quiero que renunciemos al sexo!", no porque yo estaba temeroso de sacar a colación el tema sino porque era un asunto tan complicado: No quería que me viera como que estuviera forzando mi conciencia católica sobre él, ni quería ponerlo fuera de la Iglesia, a la que él tanto interés había mostrado, por insistir en que la parte física de nuestro amor cesara. Él había sufrido de Personalidad Múltiple a través de abuso infantil y nosotros siempre habíamos sentido que esta sanación venía de Dios a través del amor que compartíamos. Después de mi segunda Santa Comunión para esta Novena - la Misa del domingo 10 de enero - tendría la sorpresa de mi vida. Más tarde ese día Matthew me dijo que tenía algo serio que discutir conmigo. "Quiero convertirme en católico," anunció, "quiero ir por instrucción y ser bautizado." Casi caigo de espalda, especialmente por las siguientes nuevas: "también quiero recibir la Santa Comunión y esa es la parte difícil. Lo siento pero tenemos que terminar nuestra vida sexual. No sería posible ir a la Comunión y estar sexualmente activo. Tenía que llegar a esto eventualmente de cualquier manera - mi niñez ha arruinado esa parte de mí - así que ¿cómo te sientes acerca del celibato?" Tres días después fuí a hacer una confesión apropiada y completa. Muy tarde para agarrar al padre de la capilla del interior de la ciudad a la que a menudo asistía decidí llamar a la Catedral camino a casa. Ahí encontré una hoja informativa diciendo que la Confesión podía ser preparada por cita. Con el corazón en la boca anduve por la casa parroquial esperando que pudiera encontrarme con el sacerdote que ahí conocí diecioocho meses antes y quien realmente me había impresionado. ¡Él abrió la puerta! Aceptó escuchar confesión. Él no sonó como que me juzgaba cuando le hablé sobre mi homosexualidad pero admitió suavemente "Así que has estado pecando con otro hombre". Él estaba mucho más preocupado porque recibí la Comunión estando en pecado. En ese punto no sentía remordimiento (en cierta forma aún no estaba convencido de que mis pecados confesados eran verdaderamente pecados). No sentía nada y pensé que debería. Comencé a desesperarme por tantas comuniones sacrílegas hasta que hablé sobre esto otra vez con el sacerdote. Desde ese día empecé a tener un profundo anhelo por asistir a Misa diaria (cuando pudiera) y con cada Misa estaba gradualmente recobrando mis ojos espirituales para ver que el sexo homosexual estaba mal; sollozaba de cuando en cuando ante el Señor; comencé a experimentar una profunda y conmovedora unión con Jesús al momento de comulgar; empecé a recordar cuán maravilloso había sido el estar tan cerca de Él hacía ocho años antes y me dí cuenta que ahora era capaz de comenzr esta intimidad espiritual con nada en mi conciencia. Me sentí tan asombrosamente bien por estar puro, por estar casto, "restaurado a la inocencia a través del Sacramento de la Penitencia." A través de los días y semanas que siguieron medio esperé que Matthew cambiara su parecer y se retractara de su deseo por el celibato. Pero no lo hizo. Hacia el final de enero él estaba sugiriendo que nos estableciéramos en cuartos separados, lo cual hicimos. Cuatro meses más tarde nuestro celibato continúa (oh, tuvimos dos deslices pero ambos nos sentimos terrible y sucios después así que prometimos nunca romper la regla de celibato otra vez). Lo que nos ha ayudado tremendamente en nuestros actuales esfuerzos, por supuesto, es Courage que no pide a sus miembros cambiar su orientación sino que simplemente los anima y los apoya en su camino con Dios para vivir en celibato y desarrollar su compromiso espiritual con la Fe Católica. Desconocido para mí en ese tiempo, el sacerdote al que me acerqué para confesarme en la Catedral era capellán del primer capítulo de Courage de la diócesis que recién comenzaba. ¿No es Dios increíble? El Padre gentilmente me sugirió que pensara en ingresar. Tomando a casa el Manual de Courage para estudiarlo Matthew y yo lo leímos juntos y ambos coincidimos en empezar a asistir el siguiente miércoles. Hoy Matthew también va a instrucción privada con el mismo sacerdote, preparándose para volverse un católico y yo estoy sentado en las sesiones. Ahora que está firme en su convicción de que los actos sexuales "gay" están en contra de la voluntad de Dios, ha encontrado paz por primera vez en 31 años y ansiosamente espera el bautismo y la Primera Comunión. Copyright (C) 2000 Courage
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