Peter
Home Page

Testimonios

Related Links

 La Historia de un Hombre por Peter 

Tengo treintiseis años. Si me vieran en la calle o en una tienda, ¿qué pensarían? Él parece italiano. Él parece bastante amigable. Me parece que es un poco nervioso. Quizás pensarían en procurar conocerme. Pocos de nosotros tenemos la oportunidad en estos días para ir siquiera tan lejos, muchos menos para considerar las necesidades de otros.

Debajo de este exterior de un hombre, también soy una persona con necesidades creada por Dios. Todos tenemos necesidades. Esa es una parte del ser humano. Muchos de nosotros aprendemos temprano en la vida medios para conseguir esas necesidades en  maneras saludables y aparecemos ante otros como teniendo una perspectiva más balanceada sobre la vida.

Para otros el medio para conseguir nuestras necesidades en maneras saludables no es siempre tan claro y terminamos andando a tientas una buena parte de nuestras vidas. Algunos eventualmente lo consiguen y otros no lo hacen nunca. Yo me clasifico como uno de aquellos que están comenzando a conseguirlo.

Me gustaría compartir con ustedes mi perspectiva en este viaje mío. Soy un hombre que creció con deseos hacia el mismo sexo que ahora sé que brotaron por algunas necesidades básicas reales.

Es difícil para mí el ver hacia atrás; el ver al pecado, el ver a la confusión, el admitir el camino que tomé. Pero así como la gracia de Dios me sacó de esas áreas oscuras, así Su gracia me da el coraje para compartir mi historia.

ací en diciembre de 1960. Mi mamá me dice que nací en el salón de espera un mes antes. Creo que yo ya no podía esperar.

En serio, pienso que mi alma, tan tempranamente como en mi nacimiento, sabía algo de la presencia de Dios. Para cuando era más consciente a la edad de tres años o algo así, tenía nada más que un recuerdo, una escena de una vacación familiar. Era domingo por la mañana y recuerdo este sentimiento de euforia al celebrar la Misa en una bella iglesia blanca en una colina. Fue entonces que comencé a conocer y a sentir la presencia de Cristo. Era como que Él tomó mi mano.

Parece que Él estaba tratando de llevarme a algún lado. Pero yo no podía comprender. Yo miraba a mi padre. Yo necesitaba su guía, su liderazgo. Él no podía dármelo.

A mi padre ahora lo amo y respeto altamente. Pero no ha sido siempre así. Pensar en mi padre me llevaba a temer su criticismo y a la desesperanza de nunca poder ser capaz de conseguir lo que era legítimamente mío por parte de él: su afirmación, ánimo y amor.

Mi papá luchaba con la adicción al trabajo, el alcoholismo y recuerdos horribles de su vida antes de la edad de 25 años cuando llegó a América; un tiempo de guerra y muerte. Un tiempo que le robó su fe en Dios y en su familia. Él era colérico, solitario, desesperado y aún así vivía de refranes. El pájaro tempranero consigue el oro (nunca entendí bien ése); Dios ayuda a aquellos que se ayudan a sí mismos; Bebe un montón de cerveza...

Yo lo despreciaba. Oh, él era un buen proveedor. Pero más que todo de bienes materiales. Lo despreciaba por su falta de presencia emocionalmente no sólo conmigo sino que con toda la familia, especialmente con mi mamá.

Fuera de esto un escenario se formó por medio del cual fui forzado a hacer algo muy adulto: ser el esposo emocional de mi madre. Mientras tanto el niño en mí se ocultó suministrando cualquier consolación a mí mismo que pudiera imaginar. Usualmente chuparme el dedo, la televisión y soñar.

Un indescriptible anhelo por algo de los hombres y con todo un disgusto y temor de ellos se desarrolló. Al mirar atrás, sí, esto es lo que estaba pasando. Esta paradoja llenaba mi ser. Era tan penetrante que hizo a mi corazón alejarse, poner paredes.

Ahora comprendo que la fuerza detrás de esto era una especie de voto interior que encerraba mis intentos infantiles para resolver un problema. Estaba tratando de protegerme a mí mismo de las necesidades de mi madre y padre y del rechazo y el resentimiento de él hacia mí por estar dando lo que él no podía dar. Otra paradoja existió. Él me dejó emocionalmente, para que yo apoyara a mi madre, y todavía se resentía de mí por ser capaz de hacerlo. La confusión en verdad tiene raíces y en mi caso se volvieron raíces amargas.

Prometí ser nunca como él y despreciar la fealdad de todo su ser por fuera y por dentro.

Podrían preguntar ¿dónde encajan las atracciones hacia el mismo sexo en todo esto? Bueno, fue un proceso. ¿Recuerdan al niño buscando consuelo? Todo el tiempo este niño fue llamado haragán, idiota. Estaba adolorido así que busqué anestésicos. La televisión y chupar dedo logró saciar y se volvió casi adictivo.

Miraba T.V. desde las 3:30 hasta la hora de dormir todos los días. Gilligan, Fred, Jeanie, Samantha, Mo, Larry y Curley eran mis amigos. También se volvieron mis modelos. Los mensajes de esos carácteres actuaron volviéndose refranes que yo usaba para encubrir mi dolor.

Mi ritual diario de ver televisión no sólo era un alivio para el dolor sino también una búsqueda. Estaba tratando de encontrar un padre. Estaba usando mi corazón y mis ojos como guías. Y así una y otra vez, andada tras andada, traté de llenar ese hueco de papá con fantasías que los medios de comunicación tan convenientemente me daban. Nada era más importante que el ver T.V.; mi búsqueda de papá. Ni siquiera cosas como aprender a relacionarme con otros niños.

Hacer amistades sólo era demasiado difícil y mucha distracción para mi búsqueda. Charlar con las niñas era mucho más fácil. No tenía que pelear o confrontar un reto. Y al mismo tiempo podía mantener a los niños a la distancia mientras buscaba las características de "papi" en ellos. Ciertamente esta acción no mejoró mis habilidades para relacionarme con ellos tampoco. Al acercarme a la secundaria las luchas se volvieron más intensas.

Cuando la pubertad llegó la búsqueda tomó una nueva característica. Me enfoqué en los carácteres y en ese enfoque los sentimientos sexuales se adhirieron a las imágenes; las atractivas. También descubrí las revistas.

A los trece años me volví lo suficientemente atrevido para entrar en una tienda de revistas en el centro de la ciudad. Ahí para mi sorpresa encontré imágenes de hombres que eran aún más atractivas que las proveídas por la T.V. Compré mi primera revista de imágenes masculinas. Era una revista de ejercicios. No pasó mucho antes de que estas imágenes se volvieran instrumentos de mi nueva forma de auto-consuelo... la masturbación.

Tengan en mente que viví una vida extremadamente protegida y en los 60's y los 70's la televisión que veía no me proveía ninguna información sobre la sexualidad excepto que la gente se ponía tonta y a veces apasionados acerca del asunto. Un asunto que no comprendía y así que le ponía poca atención. Realmente no puedo imaginarme dónde estaría hoy si hubiera estado expuesto a lo que los niños están expuestos en la T.V. ahora.

Como sea, era perfecto, me parecía como que estaba en control. Las paredes eran mantenidas por mí para seguir jugando ese escenario. Tenía mi espacio. Mi padre tenía el suyo. Yo podía encubrir la angustia y el dolor. Sólo tenía que permanecer comprometido a mis votos y a la búsqueda de la imagen masculina "perfecta".

No fue sino hasta el bachillerato que comencé a hablar con consejeros. Estaba triste y me sentía confundido. La mayor parte del tiempo ocurría cuando pensaba sobre la amistad. Estaba preocupado de que no podía hacer amigos. Mis padres no tenían consejo. La respuesta de ellos fue "Nosotros nunca tuvimos amigos. Estás por tu cuenta en esto." Así que sólo estaba Dios y yo.

Los consejeros dijeron que era importante para mí exteriorizar mis sentimientos. Parece que una y otra vez por muchos años exteriorizé sentimientos. Se sentía bien el llorar y el decir palabras de enojo en la presencia de un adulto y no ser criticado por ello. A pesar de todo no parecíamos llegar al punto crucial del asunto aunque ellos y yo pensábamos que sí.

Al comienzo de mis años veinte mencioné a un consejero lo de mi masturbación y lo de ver imágenes masculinas. Me escuchó y no me juzgó aparentemente. Aunque me hizo preguntas que me dieron más información sobre diferentes opciones que yo podía escoger. A través de esas preguntas comencé a tener sentido de otra forma de consuelo; relaciones sexuales y masturbación con otro hombre. Como que daba sentido. Pero me preocubaba a dónde llevaba eso.

Mantenía mis ojos y oídos abiertos a otras opciones. En algún sitio a lo largo de la línea escuché acerca el grupo Courage. No sabía realmente lo que era pero cuando lo mencioné al consejero dijo "no, tú no quieres eso. Hay otro grupo." Me dijo dónde y cuándo se reunían. Era un grupo gay. Fui ahí.

No pasó mucho tiempo antes de tener mi primer encuentro sexual. En breve me volví obsesionado con ir de un compañero a otro. En retrospectiva de hecho me mantenía lo suficiente para tratar de simular un compromiso marital. Ustedes saben, como los de las series de televisión. Pero todas las series llegan a un final y en justamente la cantidad correcta de tiempo para el ciclo de atención humana.

Sin embargo no parecía que estaba bien. No me estaba llenando y me estaba volviendo adicto a ello al mismo tiempo. No obstante realmente quería el trabajarlo. Estaba cansado del viaje y quería encontrar el descanso en los brazos de alguien.

Esto continuó por 4 años. A veces yo pensaba que realmente había encontrado mi lugar. Al menos me tenía convencido a mí mismo de eso a pesar de que estaba aterrorizado de contraer HIV. Al mismo tiempo mantenía un gran respeto por mi Iglesia y la voz de su líder el Papa Juan Pablo II quien osadamente reiteraba la postura de la Iglesia sobre la homosexualidad, siendo de que es un pecado y a pesar de eso el Cuerpo de Cristo está llamado a amar al pecador. Me sentía dividido.

Un verano, en 1986, una mujer a la que conocí en el trabajo y con la que había almorzado un par de veces me preguntó si me gustaría ir a caminar con ella. Estuve de acuerdo y salimos a través del estacionamiento. Me dijo "Peter, asisto a una iglesia y la oración es una parte importante de mi vida. Algunas veces tengo lo que se llama palabra de conocimiento en la oración por alguien. ¿Puedo compartir eso contigo?", "seguro" dije yo. Estaba abierto a eso, conocía ese lenguaje. Mi madre me había iniciado en grupos de oración en mi iglesia en los comienzos de mi adolescencia y esa era una de las maneras en las que me mantenía en contacto con Dios. Ella dijo "Si estoy equivocada, me disculpo. Pero ¿estás luchando?" Dije "¿qqqqqué quieres decir?" ella dijo "¿estás luchando con sentimientos homosexuales?" Inmediatamente rompí en lágrimas. Mi corazón palpitaba. Yo había hecho una conexión real. Mi corazón se regocijó. Dios finalmente vino por mí como me lo había prometido en mis oraciones. Ella me invitó a examinar al grupo Exodus en su iglesia y así lo hice.

El año y medio siguiente fueron años de gozo indescriptible. Exodus me ayudó a poner muchas de las piezas juntas. Comencé a darme cuenta que mi viaje casi había terminado. Dejé de actuar fuera y de masturbarme y lo más importante comencé a ver a las amistades y a mi relación con mis padres bajo una nueva luz. Entonces algo comenzó a ocurrir.

Después del tercer ciclo a través del programa comencé a sentirme incómodo. Veía a los demás rechazándome. Construir relaciones era aún bastante difícil para mí. Estaba pensando que me estaban rechazando por mi tradición religiosa. Siendo sensible sentí cierta disconformidad del grupo por mi postura de permanecer católico. También me sentí frustrado en que no estaba encontrando gente en la Iglesia Católica con la que pudiera compartir mi fe y mi viaje en torno a mi lucha.

Mi experiencia empezó a agriarse y perdí de vista hacia dónde iba. Dejé el grupo diciendo que necesitaba un descanso. Esa era en verdad parte de la necesidad. El descansar un poco para la introspección. Pero estuve lejos demasiado tiempo.

Empecé a actuar fuera de nuevo. Pero no tanto como antes. A pesar de todo mi vida se volvió terriblemente fatigosa y confundida otra vez y caí en la desesperación. Muchas noches lloraba hasta dormirme. Era muy doloroso. Oraba y esperaba.

Un día en el trabajo recibí una llamada telefónica de un conocido llamado Bob. No podía creer que estaba oyendo su voz. No había escuchado de él desde hacía muchos años. En algún trabajo con la juventud que yo había hecho el grupo de Bob se relacionó con el mío de vez en cuando. Lo respetaba mucho pero nunca nos hicimos amigos. Como sea era un trabajo distinto, yo vivía en una ciudad distinta. No tenía sentido excepto que durante la noche anterior le pedí a Dios ayuda.

Bob aceptó mi invitación a almorzar y nos encontramos en la cafetería. Él estaba interesado en mi ayuda en este ministerio. Casi compulsivamente dije sí pero entonces me detuve y dije "Bob, tengo algo que decirte". Le dije sobre mi lucha. Él estaba sorprendido y todavía en ese espíritu de expectación satisfecha sonrío y dijo que él estaba trabajando en ayudar a la juventud con esa lucha y realmente no tenía idea que eso era algo con lo que yo lidiaba.
.
Me habló sobre la próxima conferencia de Courage y de una reunión cumbre ecuménica juvenil sobre la homosexualidad. No mucho tiempo después una conferencia de Exodus se llevó a cabo en mi área. Nunca hubiera soñado que esto sucedería. Sentí el abrazo amoroso de Dios nuevamente.

Durante los siguientes meses las cosas realmente empezaron a juntarse. Estaba atendiendo a las reuniones, mis conductas compulsivas disminuyeron. También tuve algunos sueños muy poderosos que creo que Dios me dio para continuar conduciéndome dentro de la lucha. Él me instruyó para que pusiera mi vida en orden y para deshacerme de cualquier cosa que me tentara a volver a mis adicciones. Regalé mi televisor, libré mi apartamento de imágenes sexuales y establecí una esquina para orar en mi cuarto. También asisto regularmente a las reuniones de Courage y de Exodus donde encuentro buen compañerismo y dirección.

Dios, creo yo, ha honrado mis compromisos. Actualmente tengo más amigos con los que sé qué hacer y estoy encontrando una gran paz y esperanza.

Y poquito a poquito, en maneras que no son imediatamente obvias para mí, estoy experimentando un cambio en cómo me relaciono con los hombres y las mujeres. Todos los días ahora me siento más fuerte, con confianza y afectivo. Tengo amigos, ya sea que están luchando o no, con los que regularmente nos juntamos. Confiamos unos en otros. Nos afirmamos unos con otros. Oramos unos por otros.

Me parece tan increíble pero... ¿Saben?... en todas mis fantasías nunca me hubiera imaginado a mí mismo en este lugar. Doy gracias a Jesús y a Su Iglesia que tiene el coraje de seguir a Cristo y tocar a aquellos que están luchando con la homosexualidad, conduciéndolos de regreso a Su gracia.

 

Copyright (C) 2000 Courage